Más allá que una necesidad de compañia

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Para llegar al paraiso hay que pasar al menos por la orilla del infierno. 
Puede que me haya quedado en esa orilla, y me este demorando en salir.
Cuando conoces a alguien así tan de la nada, además tras de eso, aquel te cambia tu tan fluida cotidianidad, sabes que lo lineal ahora será un garabato.
Decidí complicarme la vida para darle al menos una alegría desubicada. 
Todo tan friamente calculado estaba haciendo que mi estado de animo permaneciera en ese destestable "Equilibrio" que se vuelve algo odioso a la hora de pensar en envejecer y hacer de la existencia una rutina consumista y parecida a la de todo el mundo. 

Conocí al equivocado. Muy tipo novela mexicana, donde la protagonista (en este caso yo) se encuentra con tías locas que quieren sacarla del medio. No, yo no era la amante, en esta historia ese plan no va... Él más bien era intocable. 

Al principio y para esperarse de mí, entré en pánico. No me podía llegar a gustar o más bien, no me podía tomar muy en serio las cosas. 
Hasta que se convirtió en algo más que una necesidad de compañía. Palpita dentro de ti. Y estas dispuesto a llegar hasta el final. 

Vinieron descubrimientos positivos y problemas, muchos problemas. A veces no podía dormir en las noches; mi cama vacía me hacía añorarlo, pero también repudiarlo por tener un lugar tan preciado en mi corazón. 

Éramos muy diferentes pero combinamos. O al menos eso parecía. Los pocos meses que duró nuestro "punto a parte" estuvieron llenos de viajes, flores, sexo, chocolates... Todo lo que a mi me gusta. 
Primero con discreción después a la luz pública. Fue un proceso que creímos superar ya que, no todo puede ser color rosa. Me iba. Y mientras nos alejabamos otras personas se iban acercando.

Rápido y doloroso. ¡Mi orgullo! ¡Mi orgullo! No tengo otra palabra, se me cayó encima todo ese "más allá" todo ese sentimiento de tranquilidad con matices de locura que llegué a tener.

Un adiós lleno de mentiras, una verdad venenosa. Pronto será un año y aún no sé, si las cartas, los amaneceres y las conversaciones llenas de confesiones fueron ciertas. Parecía real pero probablemente no lo fue. 
Si por casualidad él leyera esto, sé que no sabría qué decir. Algo lo conozco, algo quedó que todavía no se ha llevado...


V.


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