Amigas y pijamadas

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 Compartiré uno de mis recuerdos más bonitos del colegio, bueno uno de los tantos colegios en los que estudié. Tenía unos trece años y estaba muy "rebel girl" tenía una amiga que aún permanece en mi vida, Larissa esa es una loca. Hacíamos un buen complemento, manteniamos con chicos mayores e ibamos a las fiestas. Yo vivía con mi papá que no era nada sobreprotector y ella casi sola, la dejaban quince días o un mes libre de autoridad. 

Una vez decidimos hacer en su casa una pijamada, invitamos a mucha gente y como nadie aparentemente llegó nos pusimos a ver una película "El diario de una ninfomana" creo que su papá la había dejado por ahí y en eso eramos dos virgenes queriendo aprender. 

Y tocan la puerta, era un grupito o mas bien, 'el grupito', de los típicos idiotas con los que quieren estar todos. Eran como 7, llegaron con cobija y pijama. Nosotras eramos las dos nada más para completar. Se fueron instalando como pedro por su casa, Larissa me miraba y no sabía ni que decir. 
Entre esos estaba un chico que me gustaba desde los once años, y otro que a mi amiga le gustaba porque fisicamente no estaba mal (después resulto como gay pero en ese entonces lo discimulaba) 
Los otros cinco ya sobraban, pero todos se quedaron. Salimos por comida y resultamos en la casa de uno de ellos esculcando la nevera, y algo de trago. Donde viviamos a los menores si los veian en la calle muy tarde de la noche, se los llevaba la policia. Yo con lo gallina que he sido, trate de irme escondida. Ni nos vieron, volvimos a casa de Larissa y yo me puse a pelear con ese Romeo de vereda que era todo un patán, me quitó las cobijas, me quito la cama donde iba a dormir, yo no me quise dejar y casi no dejamos dormir a nadie. Larissa con lo lista que es, ya había ido al grano con su Ricky Martín. En cambio yo, estaba como perros y gatos con el otro. Los demás fumaban e iban a su ritmo, riéndose de nosotros. 
Después de parecer dos niños de jardín de primaria, terminamos en un rincón cansados y de amores. Llegó el momento que había esperado desde sexto: El beso.
 Me besó y me dió una palmada en la nalga como buen patán que es. Esperaba más de sus labios pero no estuvo mal...
Larissa seguía encerrada con su Ricky y así estuvieron el resto de la noche. Al llegar la mañana se pusieron a hacer un desayuno. Acabaron con todo lo de la nevera de mi amiga, y se fueron dejando la casa casi al reves.
 Nosotras enguayabadas, contentas y trasnochadas dijimos que tendríamos esta historia años y años. 

ADARA


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