Relatos parte 1.

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La mesa. 
La mesa de la oficina, del edificio con las vistas más bonitas, que queda en aquella avenida dónde trabaja un Adán. 

El sofá. 
El cómodo y desafiante lugar en que cuerpos como el suyo y el mio se encuentran. 
Yo no quería. ¿O si? 
Yo no lo deseaba, ¿O si? 
La misma noche que le conocí conincidimos en ceder, en dejar que pasara, lo que no debió pasar.
Empezó despacio, 
Estaba inocente de lo que fuera a ocurrir...

Las llaves.
Las llaves de aquel coche, dónde tenía además las de la puerta de la oficina, del edificio con las vistas más bonitas. 
Primero un beso, luego otro, luego la blusa, luego el sostén. 
Iba de negro, a él no lo recuerdo, pero yo iba de negro.
Después el cuello, el pantalón, las bragas... ¡Mis bragas! 
Yo no quería ¿O sí? 
Yo no lo deseaba ¿O si?
Siguió mi pecho, adoraba mi pecho y yo sus labios que recorrían, que exploraban un valle inhabitable.
Caricias, necesitaba caricias.
Me estrujó hacía él, 
¿Era suya o de la noche, o del momento?
¡No lo sabía!

El tiempo.
Maldito tiempo, que me limita, que me grita ¡BASTA! y no me bastó, y me quedé otro rato.
y me costó, carísimo como siempre.
Yo me vestía, Adán me desvestía, 
Yo que me iba y él que me retenía.
Sonó una nalgada, y de mi parte una mirada,
de las que dicen ¡BASTA! y no le bastó, 
Me estrechó en la pared, me besó una vez más, 
Le miraba con ira, pero ya no importaba...

La avenida.
Terminé tirada en esa avenida, la del edificio con las vistas más bonitas dónde hay una oficina, con una mesa en la que me follé un Adán. 
El cielo ya estaba clarito, y yo estaba huyendo de lo que había sido una aventura que te deja marcas toda la vida, o por lo menos parte de ella. 



ADARA 




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