"El olvido que seremos"

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Delirante.
Si alguien me preguntase que libro ha marcado mi vida, diría que sería este sin pensarlo dos veces. prácticamente todo lo sentí, lo lloré, lo releí, y casi que no lo acabo por ese extraño apego que generan ciertas cosas.

Se empieza con la inocencia del niño Héctor que prefiere un infierno con su padre que un cielo si él.
Mi complejo de electra distorsionado hizo envidiar al protagonista y a su estrecho, fuerte e idóneo lazo con el doctor Abad.

¿Quién no quisiera un amor así? Tan completo e incondicional, uno sufre con el libro pero también aprende. La nostalgia y nobleza que se respira en cada página nos recuerda una historia manchada de sangre, una historia que no se acaba y que aún se vive en Colombia. 

Sí, el libro deja entrever la cruda realidad de muchos, los recuerdos de otros pero, vemos ahí lealtad, ideales, compromisos, sueños... A veces las personas se van y queda su legado una historia por contar que debe ser escuchada. 

Hace unos años en el cumpleaños número 21 de el que podría considerar mi primer amor, se lo dí con la ingenuidad que me rodeaba por esa época, quizá fue ese deseo de compartir o más bien, de encontrar otro ser que experimentara a flor de piel mis tan profundas y sensibles emociones.


Estas son dos de las tantas frases que me encantan del libro:



"Nuestra felicidad está siempre en un equilibrio peligroso, inestable, a punto de resbalar por un precipicio de desolación."





"La cronología de la infancia no está hecha de líneas sino de sobresaltos. La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos, (…) está hecha de intemporales conchas de recuerdos desperdigadas sobre una playa de olvidos."




Y por supuesto el poema, que fue encontrado en uno de los bolsillos de el padre del autor el día de su muerte:


"Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán y que es ahora

todos los hombres, y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas

del principio y el término. La caja,

la obscena corrupción y la mortaja,

los ritos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso, con esperanza, en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo."

Jorge Luís Borges 

Doy por hecho que quien lo lea no se arrepentirá y lo va a atesorar en su memoria, sea de Colombia o de otra parte del mundo, porque no cualquiera sabe transmitir con tanta intensidad un sentimiento hasta el punto de llegar a otra piel, a la piel del lector.




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