Sábado

15:33








¡Bienvenidos al primer episodio de la guerra de Venus!



Era un día tan normal, tenía expectativas de que todo iba a terminar lo más tranquilo posible.
Salí a las 8:15 a encontrarme con Paulina, iba algo retrasada (poco usual en mi, porque suelo ser puntual). 
Me esperaba en sol y buscamos cualquier sitio para cenar y desatrasarnos de las novedades de la semana, mientras tanto hablaba por WhatsApp con Antonio 'el de siempre', las cosas ya iban mal, lo peor se veía venir, en ese momento no sabía cuando pero lo sentía.






Acabamos la cena cutre que fueron dos sandwich y refrescos. Y empezamos a pensar a donde iriamos por una copa, ya eran las 10:15, y bueno, tenía en mente Ramses que no iba hace tiempo, quería ver gente bonita en un entorno agradable, mis días no habían sido los mejores, debo admitir que aunque tengo mil problemas lo que más me tenía pensativa era Antonio, no le veía hace algunas semanas y la comunicación cada vez era más escasa, no eramos nada, ni lo seríamos eso lo tenía claro pero cuando llegaría la hora de cortar con este lazo tan nocivo, eso era lo que me inquietaba...








Llegamos a Ramses, no sin antes contemplar Cibeles que de noche es tan lindo. Allí todavía la vida nocturna estaba apagada (normal) era temprano. Pedimos dos 'Lady Killers' haber si esto se alegraba un poco, fue pasando el tiempo y el ambiente mejoraba ya ibamos por un gintónic hasta que mi conversación con Antonio se puso algo tosca, eso cambiaría el rumbo de la noche inevitablemente. Me dijo algo que me dolió tanto que lo que iba a ser una noche tranquila terminó muy heavy. No se puede ser tan frío y cruel, rompí en llanto, me sentía rota con el corazón hecho mierda, quería ahogarme en la ginebra, (casi literal).







¿Porque como coños le dices a alguien que te quiere que se enamore? ¿Que se consiga un novio que la quiera y quién ella quiera? de ahí en adelante mi bolsillo salió afectado, como mi ánimo para completar. Paulina se lió con un tío y como siempre se desapareció y yo terminé con unos tíos muy majos que me invitaron a copas y se aguantaron mi pesadez, dentro de todo fue una noche con muchos matices, entre divertidos y amargos.








Al día siguiente estaba con una resaca del demonio, que aún tengo hoy y quizá dure toda la vida.

¿Pero saben que aprendí? Que por más preparado que se esté para recibir los golpes; nunca llegan en el momento ni de la forma que te imaginas, que cuando tu campo mental te suplica que hagas algo antes de que salga peor así tus sentimientos quieran seguir debes por amor propio decir basta. 

Y por más que te mientas y te repitas mil veces que el amor con ese Adán no tiene que entrar a tu vida, entrará porque lo que más planeas es lo que menos funciona. 



XX


V.













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