Enfermos de amor

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Ya noviembre. El otoño llegó radiante y poco a poco nos hiela, nos susurra que ya se fue el calor, que lo aceptemos y que llevemos siempre un abrigo porque el día puede terminar más frío de lo que empezó. 

Hoy mientras volvía a casa, sentí de nuevo ese vacío; esas ganas locas por enamorarme, por sentir al menos emoción a tener una cita, a quedar a tomar un café.

Fue inútil, siempre llega cuando menos te lo esperas, hace algunos meses lloraba sin remedio por mi ex y deseaba no tener sentimientos por nadie, solo sentirme tranquila y pasar de cualquier lío amoroso, pero cuando probamos esto nos volvemos adictos, y no precisamente al dolor, nos volvemos adictos a las caricias, a los mensajes de buenos días, a la emoción de verles... Pero como es una sociedad tan moderna y egoísta esa sensación cada vez dura más poco, son tantos los factores que interfieren en estructurar una relación. El más importante siempre las ganas, pero si esas fueran suficientes, si pudiésemos sincronizarnos con nuestras parejas e intentar hacer de la relación una construcción mutua...

Y no es que no me quiera, no es que no soporte la soledad, porque me encanta mi independencia y momentos a solas, sin eso yo no podría realmente vivir. Peeeero, ese sube y baja, esa pasión, esa ilusión, ese compartir y sentir en conjunto es algo que tenemos los seres humanos adherido en nuestro adn, es inevitable, somos enfermos de amor. Nos llena, nos vacía, nos eleva la locura de amar y ser amados.

Dar y recibir. Es cierto que todos somos egoístas en un punto porque no podemos mentirnos, así es nuestra generación, y la pasada y la que viene. Tenemos que defender nuestros intereses, tenemos que vivir con la ley del más fuerte, no estoy de acuerdo con ella pero es la establecida, estamos en una jungla donde tenemos que defendernos; si no son ellos somos nosotros.

Que tengamos por un lado ese egoísmo no significa que no nos preocupe nada, por el contrario siempre tenemos que estar luchando con ese lado oscuro, porque queremos a los demás, les deseamos lo mejor, solo que el estar en sociedad, el compartir, el colaborar conjuntamente crea el caos y el orden, la calma y la tempestad.

Solo pensemos en la familia. Las primeras personas con las que tuvimos un contacto más "cercano" (según cada caso) y muchos no nos llevamos ni tan bien, ni somos tan unidos y podemos tener la misma sangre, pero esto pasa y pasa all time. Así pues, las relaciones con los amigos que ya son más escogidas según el entorno en donde estemos y sigue siendo esa lucha entre aceptar las diferencias del otro, los defectos propios, las situaciones que va trayendo el día a día y lo mismo con la pareja, más los otros lugares en donde tenemos que estar más por obligación socializando con personas, como la universidad y el trabajo.

Todo se termina resumiendo en que aunque tengamos familia, amigos, trabajo, y estemos en ese constante contacto con otras personas seguimos necesitando, y quizá más que necesitando deseando una sola, una sola persona que se vuelva nuestro complemento, que esté ahí, que nos diga "te quiero" con quien planear un viaje "romántico", a quien escribirle a la madrugada, con quién quejarte de la vida y la gente que a veces te rodea ¿Quién mejor para eso que un amor? ¿Quién mejor para ponerte un apodo cariñoso y abrazarte en invierno?

Enfermos de amor, enfermos de tristeza por la rapidez del mundo y las expectativas tan altas que hay puestas sobre nosotros. Enfermos con la contaminación en todos los aspectos que se disfraza hoy de mundo globalizado, enfermos por no decir moribundos, de algo que sea real, que sea auténtico. Porque ya nos llenamos de flores de plástico que venden en el chino, porque nos acomodamos y creemos que con una vida fácil, el estado de felicidad vendrá igual. 

Olvidamos que las vidas ideales solo existen en la publicidad que nos venden, olvidamos que una vida real es luces y sombras y seguimos soñando con el amor perfecto que cale en los huesos y dure más que ese match de alguna aplicación de ligar. Porque aunque tengamos mil opciones en cuanto a una distracción pasajera nos seguimos sintiendo vacíos, ansiosos de que la enfermedad tenga cura o al menos, una solución más liviana... Más liviana para lidiar con la frialdad de los malos días, de las noches sin luna, de los problemas, para desviar, para no pensar y desconectar de todo al menos una vez. 


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