Flores amargas

22:20

 Sigue siendo como la primera vez. Guardar una ilusión es lo único que nos mantiene en pie, creer que algún día el amor dejará de ser ese sueño idílico y traspasará la pantallas.  


 Cuántas son las veces que nos hemos mentido; que hemos disfrazado un capricho de amor, una aventura de romance y un "me gustas" de un "te quiero". 
Con la E S P A C I A L I D A D que tiene cada cosa, cada gesto, cada mensaje que traducimos mal por nuestra casi natural-enferma manera de percibir el supuesto cariño. 
Entonces haces mil planes con un desconocido porque tres citas han ido bien, porque te sonríe "diferente" y hay "conexión" claro, el en línea de Whatsapp que te responde a lo largo del día y vaya, te prestan de nuevo atención, eres por fin; otra vez  E S P E C I A L. 

¿Le tenemos tanto miedo a la soltería? ¿Nos la siguen vendiendo tan mal? 
por qué la prisa, por qué la necesidad constante de afecto y compañía...
Rodeados de corazones rotos, parejas que aparentan ser felices, otras que lo son (no todo es malo) , el hecho de hacernos mayores y no saber controlarlo, la supuesta estabilidad a la que tenemos que llegar para suplir propósitos impuestos por una sociedad cruel, recibir la aceptación de una familia que "conserva las buenas costumbres" y estar en el ojo del huracán recibiendo una serie de comentarios que se desvinculan totalmente de la comprensión y empatía de los demás hacía nosotros, como si la vida fuese una competencia y gana el que primero cumple con la lista de exigencias que nos llenarán de felicidad y gozo. 

¿Felicidad o aceptación?
Totalmente condicionados por un modelo que parece perfecto, sentimos que hemos fracasado o lo que llevamos de camino va jodidamente mal. Una pésima organización, como si tuviésemos un plazo ya muy establecido de en qué tiempos debemos conseguir cada cosa. Ese proyecto de adulto debe estar listo. El deber es saber cómo actuar.

Somos flores amargas, 
independientes, 
embriagas con vino y estrés citadino.
En la generación del culto a la imagen
Con la aceleración más agresiva, además de esa obsesión compulsiva por demostrar y compartir cada detalle de nuestras uniformes vidas. Porque claro, ¡Todo se ve mucho mejor con un filtro! 
Así que optamos por cantidad en vez de calidad. Las pantallas tecnológicas desafían realidades...
Seguimos lejanos, seguimos vacíos, seguimos sonriendo en las fotos y seguimos actuando como si todo fuera de puta madre y va de puta pena.

Olvidamos los E S E N C I A L.
Y por eso vamos directos a la involución, total este "animal pensante" es cada vez menos lo segundo.
Welcome to the jungle tan literal.


V, 















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