El mal amante

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Madrid es un mal amante. Y no porque no te lleve al clímax ni te haga disfrutar al máximo; sino que como te sube te baja. Te mira, te hechiza, te hace sentir en las nubes y después se esfuma de tus manos y tu control. No me refiero a él como un amor porque bueno, esta no es una relación seria, hay que compartirlo; yo seré solo una más.

Una más que se ha sentido única por sus calles, que se ha dejado enamorar aún sabiendo que podía ser peligroso, pero cómo nos atrae lo prohibido, lo que no es del todo nuestro, aunque nosotros nos sintamos tan entregados.
Madrid a veces te abraza y otras te come, creo que no existe punto medio.
Su cultura, su arquitectura, su gente, su misterio y tantas cosas más, es difícil no sentirse seducido; inclusive, si nos resistimos, encontramos sin querer algo para caer en sus brazos. Los brazos de aquel amante inesperado, que viene y se va cuando le da la gana, y cuando crees que puedes con él, te demuestra que es tan libre y tan suyo, que no es de nadie, y a la vez es de todos.

Tantas canciones que saben a Madrid, tantos recuerdos donde es el protagonista. Y he de decir que a pesar de su encanto, también nos saca de quicio, nos vuelve locos. Su estrés, el tiempo que pasa tan tan deprisa, el frío que pela en invierno, el calor infernal en verano, porque como decía antes, no existen muchos puntos medios.
Madrid es intensidad, emociones fuertes. Madrid sabe a cerveza con tapas, a gin tonic en la terraza de moda, a los míticos paseos del Retiro, a resaca de las buenas, a ... (eso que te está viniendo a la cabeza ahora mismo)...

Muchas veces he querido dejarle y entro en ese conflicto interno de no saber si soy una masoquista y me quedo porque es insoportable estar sin él o simplemente no he hallado la motivación correcta para cortar con esta relación que tiene sus momentos maravillosos y otros tormentosos, noches en vela sin poder dormir, calles donde me he querido escapar, lágrimas en muchos de sus rincones…
Tantos amores a flor de piel, con los que podría contar historias bajo la luz de una vela, tantos amigos que se vuelven familia.

Me quedo con lo bueno y con lo malo y con que a pesar de que es un mal amante, lo repetiría todas las veces.
Sé que al final, cuando por fin nos separemos nos dolerá a los dos. Pero así es la vida. quizá nos volvamos a encontrar (porque todo vuelve, y más lo que uno amó) y si no es así, sé que tampoco nos podremos olvidar y qué aventura más bonita.






V.

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